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Este es el club de chefs más poderoso: da de comer a los que mandan en el mundo

A la reina de Inglaterra le gusta el foie gras, plato que no entusiasma a su hijo el príncipe Carlos; Nicolas Sarkozy detestaba las sobremesas en el Palacio del Elíseo, por lo que suprimió los quesos de las comidas oficiales, costumbre que recuperó su sucesor en el cargo, el socialista François Hollande; Angela Merkel acostumbraba a tomar cocina tradicional, mientras que Olaf Scholz prefiere las legumbres, aunque tiene que hacer hueco a las verduras, dado que gobierna en coalición con los verdes.

Son algunas de las confidencias que reveló este martes Gilles Bragard, fundador y secretario general de Chefs des Chefs, un club gastronómico y filantrópico que aglutina a 25 chefs de jefes de Estado y de Gobierno –solo dos son mujeres, Elmarie Pretorius, jefa de cocina del presidente de Sudáfrica y Cristeta Comerford, responsable de cocina del presidente de Estados Unidos–, que se han citado –19 de ellos– en España para celebrar su reunión anual y ofrecer en el Mandarin Oriental Ritz una cena, cuya recaudación se destinará a la ONG World Central Kitchen (WCK), que dirige José Andrés y cuyos fondos se destinan a los damnificados de diferentes crisis humanitarias, climáticas y comunitarias.

El menú ofrecido, a 350 euros el cubierto (vinos incluidos), se inicia con un plato pensado por el chef Fabrice Desvingnes, chef del presidente de la República Francesa, foie gras de pato con limón confitado, melocotón infusionado en verbena y almendra, seguido de langostino ecológico de Madagascar y geleé azagranado de pescado de roca, diseñado por Christian García, presidente de Le Club Chefs des Chefs y cocinero con 35 años de servicio a la familia Grimaldi en Mónaco; como plato principal, suprema crujiente de ave de Bresse con jugo de crustáceos, maíz y zanahoria joven, a manos del chef de la familia real de los Países Bajos, Willem Pieter Van Dreumel; seguido de una selección de quesos de Mantequerías Arias, patrocinador de la cena, que dan paso al postre Komana, un cremoso de chocolate Valrhona, piña rostizada y bizcocho con espuma y crujiente de coco, ideado por el jefe de cocina del Palacio de la Moncloa, José Roca.

Es un club poderoso: da de comer a los que mandan en el mundo. La mayoría de ellos tiene firmado un contrato de confidencialidad. Todo desliz puede tener repercusiones. “No estamos autorizados a decir cual es el plato favorito de nadie, a los jefes de Estado y de Gobierno les gusta todo”, matiza Bragard. En una ocasión trascendió que a Jacques Chirac le gustaba la cabeza de ternera, y cuando viajaba a algún sitio siempre le ofrecían este guiso.

En otra ocasión, George Bush padre confesó que no le gustaba el brócoli, ni de niño, ni de mayor, ni como presidente de Estados Unidos. Lo que consiguió es que los productores de brocóli se manifestaran delante de la Casa Blanca pidiendo que se retractara.

Lo que sí ha cambiado es el gusto y la preferencias a la hora de comer en los palacios de los gobernantes. “Ahora es todo más ligero de grasas, aunque si un día hay que echar el resto para hacer una receta potente se hace un extra”, explica Roca, que entró a trabajar en Moncloa con 18 años y lleva 44 años dando de comer a los diferentes presidentes de la democracia española.
Asegura que todas las semanas realiza una propuesta de menús, “que envío arriba para su aprobación”, y que siempre sigue dos premisas, que las recetas sean sanas y que los productos sean de proximidad.

En la elección de los platos, donde siempre hay ensaladas y más pescado que carne, confiesa que las esposas de los presidentes del Gobierno tienen un papel importante. “Sugieren muchas recetas y trabajamos en colaboración”, explica Roca, satisfecho de su trayectoria en Moncloa, que define como uno de los trabajos “más gratificantes que hay porque además trabajamos en muy buen ambiente de equipo”. Solo desvela que el presidente Pedro Sánchez , que recibió a este grupo de chefs el día anterior, madruga mucho, y que desde las 6 de la mañana siempre hay alguien en cocina –son seis cocineros– para empezar a preparar los desayunos, que “suelen ser frugales”.

La labor de estos cocineros, asegura Bragard, influye en la vida política, ejercen lo que denomina la “gastrodiplomacia”. Defiende el papel que juegan como embajadores de la gastronomía de su país, “somos los guardianes de las tradiciones culinarias de cada país”. Y añade que la cocina fusión es igual a confusión. “Lo que hacemos es ayudar a los jefes de Estado y de Gobierno en la diplomacia, si la política divide a los hombres, la cocina los une”. La tercera misión de este colectivo es velar por la salud de sus jefes, “ofreciendo una cocina ligera y sana”.

Y que nadie olvide, repite Bragard, que “los jefes de Estado y de Gobierno pasan, pero los jefes de cocina se quedan”.

Artículo de Expansión

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